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Desde que tengo mi rincón de tiempo analizo todo de un modo más sosegado y distante, siendo capaz de ver con mayor realidad mi entorno sin perderme en vaguedades y logrando con ello resolver las situaciones con mejor criterio e imaginación. Noto mis facciones más suaves, las ojeras más tenues y las arrugas del entrecejo más diluidas, ya no considero la vida como una lucha de superación constante. Meditar me está enseñando que la mente es quien gobierna nuestro cuerpo y la única capaz de hacernos realmente felices.

Elena T 2 octubre, 2015

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